Así llegué a la maternidad: la vida está llena de pequeñas cosas que hacen grande nuestro día a día

Como ya os comenté en la anterior entrada, soy mamá de tres pequeños que decidieron llegar al mundo antes de tiempo. Son niños prematuros, por lo que la maternidad no ha sido un camino de rosas para mí.

Cuando era niña fantaseaba con mi madre y soñaba con tener tres hijos. Hasta el día en el que, en una visita rutinaria a mi ginecóloga (en realidad más por un problema de acné que por otra cosa), me diagnosticaron una malformación uterina: tenía un útero bicorne. Fue decírmelo y echarme a llorar, porque había algo que me decía que eso me iba a dar problemas y no iba a poder cumplir mi sueño. En consulta, la doctora me explicó muy pacientemente que mi útero tenía forma de corazón, pero que podría tener tantos hijos como quisiera. Salí de allí algo más tranquila, pero con la mosca detrás de la oreja.

Pasaron los años y llegó el momento de intentar ser mamá. Había encontrado a la pareja perfecta y habíamos decidido que era nuestro momento. Entonces decidí hacerme un estudio más completo. Las pruebas no eran muy concluyentes, porque mi útero parecía doble, y los especialistas tampoco lo tenían claro. Lo que sí me dijeron todos es que lo teníamos que intentar. Y así lo hicimos.

A partir de ese momento la ansiedad se apoderó de mí. Sabía que podía tener problemas y cuando vino la primera regla pensé que las cosas probablemente se complicarían. Tenía tantas ganas de quedarme embarazada que me obsesioné. Y me obsesioné tanto que la regla dejó de venir. Cuando llegó el día de la primera falta me hice un test y salió negativo. Y así casi día tras día. ¿Cómo era posible? Nunca había tenido un retraso en mi vida y aun así el test era negativo.

Pasaban los días y no había señales de regla ni de embarazo. Pero, ¿sabéis lo que sí había? ¡LECHE! En una exploración rutinaria me di cuenta de que tenía leche. ¿Acaso me había obsesionado tanto que estaría provocándome un embarazo psicológico? No dejaba de pensar que si no estaba embarazada y no me venía la regla estaba perdiendo oportunidades para intentarlo y eso hacía que mi estrés aumentara aún más. Decidí que era el momento de relajarme. No estaba en mis manos lo que de ahora en adelante pasara. A los dos meses la regla volvió.

Pasaban los días y en otra consulta mi ginecóloga decidió que era mejor hacerme una prueba definitiva para determinar con exactitud mi tipo de útero y si era posible operarme y solucionar el problema.

El resultado tras hacerme una ecografía 3D (sí, de esas que nos hacemos la mayoría de las embarazadas para intentar ver al bebé lo antes posible) volvía a ser diferente: útero septo. Es decir, tenía una pared que dividía mi útero en dos. Con estos resultados ya se podían tomar decisiones: “te vamos a operar, así que ahora no puedes quedarte embarazada”.

Ya con la decisión tomada nos fuimos a pasar un fin de semana a Granada. Un regalo que nos había hecho mi tía por la boda y que todavía no habíamos usado. Llegamos directamente a conocer la Alhambra y estuvimos pateando todo el día. Ya por la noche decidimos subir a un mirador que nos habían recomendado desde donde había unas vistas espectaculares de la Alhambra. Más adelante descubriríamos cómo se llamaba.

Nos fuimos a cenar y yo no paraba de decir: “uy, cómo huele a tortilla de patatas” … pero mi marido decía que no olía nada. “Uy, qué asco, qué olor a basura”, pero mi marido seguía sin oler nada. ¡Qué raro!

Me acosté dándole vueltas a la situación. Ese olfato agudizado hacía que una bombilla se encendiera en mí… pero, a la vez, me parecía que era imposible. Desde que nos dijeron que me iban a operar estábamos tomando medidas y, para más inri, en mis días de ovulación había estado con un gripazo enorme en casa de mis padres, con lo cual, no podía ser.

A la mañana siguiente no podía más y le dije a mi marido que bajaba a la farmacia a comprar un cepillo de dientes. Mentira. Tenía que comprarme un test de embarazo y salir de dudas.

Me encerré en el baño y seguí todos los pasos. ¡¡¡¡Estaba atacada!!!!

Finalmente el resultado apareció: ¡¡¡ESTABA EMBARAZADA!!!

La ambivalencia se apoderaba de mí, era un embarazo súper deseado pero, a la vez, nos acababan de decir que no era el momento. Lloré, lloré mucho, de alegría y de miedo a la vez. Algo empezaba a crecer dentro de mí contra todo pronóstico. Decidió que era el momento.

En la siguiente consulta tuvimos que suspender lógicamente la operación, pero había grandes noticias: no había un problema de fertilidad y el ‘bichillo’ no se había implantado en la pared del septo, con lo cual podía alimentarse bien y no tenía por qué ir nada mal.

Así empezaba mi andadura en la maternidad. Una pequeña cosa que se convertiría en mi mundo, que vendría a mi mundo para ponerlo patas arriba en todos los sentidos y sin el cual hoy este mundo no tendría sentido para mí.

La maternidad se ha convertido desde entonces en mi “centro de operaciones”. Además de mamá, trabajo a diario con muchas otras mamis o futuras mamis y, como podréis entender, es mi pasión. Disfruto pudiendo ayudar a muchas parejas en un momento tan importante de sus vidas como es el nacimiento de un hijo. Como bien he dicho, ayudo, yo no hago partos, ayudo a las mamis a dar la bienvenida a sus bebés al mundo. Me parece fundamental implicar a los papás en todo el proceso y, por supuesto, en el momento culmen.

Hoy en día se habla mucho del empoderamiento de la mujer. Por supuesto estoy a favor de ello, pero, sobre todo, creo que lo imprescindible es tener claro quién es el protagonista en cada situación. Y, en el momento del parto, obviamente, la protagonista es la mujer y eso es lo que intento transmitir.

En mi caso, y aunque no se oiga mucho, en el de otras muchas mujeres, el momento del parto no fue algo bonito. Ninguna mujer está preparada para ser mamá antes de tiempo y yo no iba a ser menos, pero eso es algo que ya os relataré más detalladamente.

¡Feliz semana!

 

Trimommyy.

 

 

By |2018-12-13T22:44:58+00:00diciembre 13th, 2018|Categorías: Sin categorizar|0 Comentarios

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